Esta no es la típica película hollywoodiense
Seguro que todos alguna vez visteis la típica película americana de un niño que se pasa toda la temporada en el banquillo esperando a que el entrenador le de una oportunidad para saltar a la cancha de béisbol y demostrar lo que vale. Pues la película que hoy se emite aquí es precisamente una de esas:
En la última jornada del campeonato el equipo de nuestro protagonista se juega el mantenerse en la categoría reina. Pero la cosa no pinta bien… A falta de una jugada para que finalice el encuentro el mejor bateador se lesiona. El entrenador mira desconsolado al banquillo, solo quedan dos jugadores. Observa con atención a ambos… Allí está él, sentado y cabizbajo. Nunca se vio con posibilidades de entrar en el equipo y por eso ni siquiera tiene puestas las rodilleras. El entrenador mira al cielo y resopla… da todo por perdido. Con gesto firme le llama:
-Tú! Prepárate! Vas a salir.
Nuestro chiquillo se queda tieso. Casi sin darse cuenta, y mientras asimila lo que va a suceder a continuación, pasa por 3 fases de ánimo:
En un primer momento la euforia. Era sensacional, por fin tenía la oportunidad de demostrar su valía.
Mientras coloca sus rodilleras llega a la segunda fase: la histeria. La situación es muy tensa y de él depende la victoria de su equipo. Pero lo puede hacer.
Y por último… el pánico. Tras los primeros momentos de alegría de repente se da cuenta de lo mucho que se juega. Mientras se dirige a la base echa un vistazo al estadio, y al momento sabe que todos piensan lo mismo: no será capaz.
Mira a su entrenador desconcertado. ¿Por qué le ha elegido a él? ¿Por qué no ha puesto al otro? Nunca ha jugado, nunca antes ha pisado el campo con el bate en mano. Jamás ha conseguido darle a una sola pelota. Pero el entrenador parece no darse cuenta de eso, lo único que quiere es acabar ya.
Está en su posición, bate en mano esperando a que le lancen la pelota. Pero el miedo se ha apoderado de él. No puede pensar. No es capaz ni de moverse. Su mente está colapsada y su cuerpo empieza a temblar. Sabe que tiene que intentarlo, si la golpea bien se convertirá en un héroe, pero si le da mal la pelota saldrá fuera del estadio, y con ella todas sus esperanzas de llegar a ser un día un jugador profesional.
Ha llegado el momento, el rival coge impulso para lanzar la bola…
Pero… ¿qué sucede? Parece que el entrenador se ha dado cuenta por fin de la situación. Se dirige corriendo hacia nuestro chico. Ha visto su cara de pánico, su cuerpo temblando, su mirada perdida…
-Alto!
Tú! Corre pal banquillo otra vez!!! Que salga el otro!
… y es que esta no es la típica película hollywoodiense.
En la última jornada del campeonato el equipo de nuestro protagonista se juega el mantenerse en la categoría reina. Pero la cosa no pinta bien… A falta de una jugada para que finalice el encuentro el mejor bateador se lesiona. El entrenador mira desconsolado al banquillo, solo quedan dos jugadores. Observa con atención a ambos… Allí está él, sentado y cabizbajo. Nunca se vio con posibilidades de entrar en el equipo y por eso ni siquiera tiene puestas las rodilleras. El entrenador mira al cielo y resopla… da todo por perdido. Con gesto firme le llama:
-Tú! Prepárate! Vas a salir.
Nuestro chiquillo se queda tieso. Casi sin darse cuenta, y mientras asimila lo que va a suceder a continuación, pasa por 3 fases de ánimo:
En un primer momento la euforia. Era sensacional, por fin tenía la oportunidad de demostrar su valía.
Mientras coloca sus rodilleras llega a la segunda fase: la histeria. La situación es muy tensa y de él depende la victoria de su equipo. Pero lo puede hacer.
Y por último… el pánico. Tras los primeros momentos de alegría de repente se da cuenta de lo mucho que se juega. Mientras se dirige a la base echa un vistazo al estadio, y al momento sabe que todos piensan lo mismo: no será capaz.
Mira a su entrenador desconcertado. ¿Por qué le ha elegido a él? ¿Por qué no ha puesto al otro? Nunca ha jugado, nunca antes ha pisado el campo con el bate en mano. Jamás ha conseguido darle a una sola pelota. Pero el entrenador parece no darse cuenta de eso, lo único que quiere es acabar ya.
Está en su posición, bate en mano esperando a que le lancen la pelota. Pero el miedo se ha apoderado de él. No puede pensar. No es capaz ni de moverse. Su mente está colapsada y su cuerpo empieza a temblar. Sabe que tiene que intentarlo, si la golpea bien se convertirá en un héroe, pero si le da mal la pelota saldrá fuera del estadio, y con ella todas sus esperanzas de llegar a ser un día un jugador profesional.
Ha llegado el momento, el rival coge impulso para lanzar la bola…
Pero… ¿qué sucede? Parece que el entrenador se ha dado cuenta por fin de la situación. Se dirige corriendo hacia nuestro chico. Ha visto su cara de pánico, su cuerpo temblando, su mirada perdida…
-Alto!
Tú! Corre pal banquillo otra vez!!! Que salga el otro!
… y es que esta no es la típica película hollywoodiense.
1 comentario:
Bueno.. ánimo. Poco a poco
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