viernes, 29 de junio de 2007

miércoles, 20 de junio de 2007

Back stage

Durante este curso viajé a mundos insospechables, escapé de cientos de novias furiosas, intenté robar una orquídea con Nicolas Cage y experimenté en mis propias carnes los efectos de la tabloidización. También me pegué un par de viajes al infinito junto a Mr Orange, temí a la mujer pantera y me reí de Nosferatu.

Por dos veces tuve que recorrer el camino de baldosas amarillas y también disfruté de los mejores conciertos en los estadios más emblemáticos. Sentí la muerte con Hamlet, viajé en una diligencia y salté el eje para cambiarme al bando indio en Centauros del desierto. Sentí la ira de las uvas, y también la de una mujer traicionada, mi tesoro me fue arrebatado y tuve que pagar las gallinas que atropelló o xuís.

Hasta Grecia me tuve que ir para matar a mis hijos, pero luego me escapé con el aladelta de Caladiño. Me pasé al mundo de los sueños en San Juan, y volví para irme de fiesta con Audrey. Aprendí a ser una carracha, me encadenaron como a un perro, y comprobé que los gatos tienen 7 vidas.

Me inmiscuí en la conexión francesa, perseguí replicantes, sentí vértigo, descubrí al tercer hombre y perdí la memoria reciente. Hice un examen con Freaks y para otro contemplé un membrillo al sol.

Descubrí que en el fondo los periodistas no son tan malos, e incluso yo misma hice de periodista. Creé mi propia empresa de decorados, trabajé de cámara, de ayudante de dirección (y casi de directora tb), fui guionista, actriz y hasta del equipo de iluminación. Durante una época también fui fotógrafa, e incluso crítica teatral. Me convertí en equilibrista del Cirque du Soleil, y me dieron un papel de soprano en Fausto. Me enfrenté al 3ds max y conseguí un punto de partido.

2º de Comunicación Audiovisual .......... Un año productivo

jueves, 7 de junio de 2007

Esta no es la típica película hollywoodiense

Seguro que todos alguna vez visteis la típica película americana de un niño que se pasa toda la temporada en el banquillo esperando a que el entrenador le de una oportunidad para saltar a la cancha de béisbol y demostrar lo que vale. Pues la película que hoy se emite aquí es precisamente una de esas:

En la última jornada del campeonato el equipo de nuestro protagonista se juega el mantenerse en la categoría reina. Pero la cosa no pinta bien… A falta de una jugada para que finalice el encuentro el mejor bateador se lesiona. El entrenador mira desconsolado al banquillo, solo quedan dos jugadores. Observa con atención a ambos… Allí está él, sentado y cabizbajo. Nunca se vio con posibilidades de entrar en el equipo y por eso ni siquiera tiene puestas las rodilleras. El entrenador mira al cielo y resopla… da todo por perdido. Con gesto firme le llama:
-Tú! Prepárate! Vas a salir.

Nuestro chiquillo se queda tieso. Casi sin darse cuenta, y mientras asimila lo que va a suceder a continuación, pasa por 3 fases de ánimo:
En un primer momento la euforia. Era sensacional, por fin tenía la oportunidad de demostrar su valía.
Mientras coloca sus rodilleras llega a la segunda fase: la histeria. La situación es muy tensa y de él depende la victoria de su equipo. Pero lo puede hacer.
Y por último… el pánico. Tras los primeros momentos de alegría de repente se da cuenta de lo mucho que se juega. Mientras se dirige a la base echa un vistazo al estadio, y al momento sabe que todos piensan lo mismo: no será capaz.

Mira a su entrenador desconcertado. ¿Por qué le ha elegido a él? ¿Por qué no ha puesto al otro? Nunca ha jugado, nunca antes ha pisado el campo con el bate en mano. Jamás ha conseguido darle a una sola pelota. Pero el entrenador parece no darse cuenta de eso, lo único que quiere es acabar ya.

Está en su posición, bate en mano esperando a que le lancen la pelota. Pero el miedo se ha apoderado de él. No puede pensar. No es capaz ni de moverse. Su mente está colapsada y su cuerpo empieza a temblar. Sabe que tiene que intentarlo, si la golpea bien se convertirá en un héroe, pero si le da mal la pelota saldrá fuera del estadio, y con ella todas sus esperanzas de llegar a ser un día un jugador profesional.

Ha llegado el momento, el rival coge impulso para lanzar la bola…

Pero… ¿qué sucede? Parece que el entrenador se ha dado cuenta por fin de la situación. Se dirige corriendo hacia nuestro chico. Ha visto su cara de pánico, su cuerpo temblando, su mirada perdida…

-Alto!
Tú! Corre pal banquillo otra vez!!! Que salga el otro!




… y es que esta no es la típica película hollywoodiense.