domingo, 7 de septiembre de 2008

Lo imposible que es encontrar un sitio para cenar en Coruña cuando juega el Dépor o Cómo pasarse 45 minutos en busca de un bar donde ver el partido

Pongamos que es domingo. Un domingo como otro cualquiera. Un domingo en el que te levantas a las tantas, y todavía te pitan los oídos del volumen de la música de la noche anterior. Un domingo en el que ves la Fórmula 1, o las motos en la primera. Un domingo normal. Salvo por el detalle de que no lo es. Es 31 de agosto de 2008, y arranca la Liga.

En la primera jornada el Deportivo recibe la visita del Madrid, un encuentro venido a más en los últimos años, sobre todo desde que no tenemos derbi gallego en Primera. Un rival de máximo nivel, el vigente campeón, un equipo a quien da gusto vencer, más que a cualquier otro.

Pues bien, así se presentaba ese último día de agosto. Llegamos a Coruña con el primer gol del Dépor. Saliendo de la estación oímos el tanto de Mista procedente de la radio de un taxi. Jabo y yo ya íbamos felices para casa. La idea era dejar rápido las maletas e ir a cenar mientras veíamos el resto del partido. Qué ilusos!


Como bien decía, la odisea se inició en torno a la media hora de encuentro. La primera opción fue el Rico-Rico. Cuatro Caminos está cerca, y queríamos sentarnos cuanto antes. Nada más entrar ya nos dimos cuenta de la noche que nos esperaba… estaba claro que no iba a ser fácil encontrar un sitio donde cenar y ver al Dépor.

El bar tenía que tener una buena pantalla, estar echando el partido, ambiente futbolero, bocatas o similar, y sobre todo, una mesa libre. He ahí la cuestión.

Así empezó: En Busca de Una Mesa Libre el Día del Depor-Madrid.
Un título muy Hollywoodiense, qué no?

Tras ver de pie los últimos minutos de la primera parte en el Rico Rico, a la espera de que alguien se fuese en el descanso, decidimos cambiar de táctica. El árbitro pitó y teníamos 15 minutos para encontrar sitio.

Segundo intento, La Estrella. Como es habitual, allí no cabía ni un alfiler. Quisimos buscar algún otro bar en esa misma calle, pero nada, por si no lo sabíais, en la calle de la Estrella solo está la Estrella… La tercera opción era la Mahou, cómo no. Cuando en la cervecería gallega no hay sitio, allí siempre hay. Excepto cuando juega el Dépor el primer partido de la temporada. Ese fue nuestro fallo.

De allí a Ramón y Cajal, y después al Jamón y Gambas de la calle que ataja para ir a General San Jurjo. Nada. Todo lleno. Una vez allí, yo dije de seguir por esa calle, que conocía un par de bares que siempre veo de camino al trabajo. El resultado fue el mismo.

La segunda parte ya había comenzado, y seguíamos igual. El empate de Van Nistelroy lo vivimos dentro de alguno de esos bares, mientras recorríamos el local con la mirada en busca de un sitio.

Ahí ya empezamos a ponernos de malas… el Mandril nos había empatado, y seguíamos en las mismas. Hambrientos, cansados ya de andar… y aún por encima Jabo pisó caca.
Por suerte, oímos los gritos del segundo del Dépor. Corrimos hasta la cristalera del bar más próximo para ver la repetición. Lopo de cabeza nos daba la victoria. La situación mejoraba, pero ya estábamos hartos de dar vueltas.

Decidimos volver hasta Cuatro Caminos… esta vez nos paramos en el centro comercial, que parecía que estaba abierto a pesar de las horas.
Y al fin!! Un bar con mesas libres!!!

No nos lo pensamos dos veces, preguntamos si daban de comer, y nos sentamos impacientes.

Por si la noche no había sido ya lo suficientemente surrealista, el camarero quería que nos acordásemos de ese día. Era el 17 de la segunda parte.

-Dos tapas de albóndigas, una de zorza y una de ensaldilla.

La primera vez que nos mandó repetirlo fue al instante.

Luego volvió a preguntarnos qué habíamos pedido 5 minutos después.
-Dos de zorza y una de albóndigas?
-No, dos de albóndigas y una zorza, más otra de ensaladilla.


Y se piró. Y sin saber muy bien cómo, volvió con una tapa de ensaladilla desde otro bar. Pero no nos la dio… se la llevó a la barra, y no volvimos a saber de ella.

Riki salía al campo en el 60, pero poco duró. Doce minutos después se lesionó para tres semanas.
De ahí a un rato volvió a aparecer con 2 de zorza y una de albóndigas.

-No, mira, era al revés, dos de albóndigas…
-No, eran dos de zorza.
-No. Nos preguntaste: dos de zorza? Y te dijimos que eran dos de albóndigas… pero da igual. Y falta la ensaladilla. La que antes te llevaste para allá…
-Ensaladilla?
-Sí, eran dos de albóndigas, una de zorza y una de ensaladilla.


Se llevó la tapa que sobraba. Fue al bar que nunca sabremos donde queda, y regresó con la 2ª de albóndigas, la ensaladilla (otra distinta a la anterior) y el ticket, donde cobraba 5 tapas.

-Mira, que nos estás cobrando 5 y son 4.
-Cuatro? A ver… (señalando) Una, dos, tres… y cuatro. Ah sí.


Muñiz Fernández pitaba el final del encuentro. Pagamos las cuatro tapas, el agua y el aquarius. Y nos fuimos con una sonrisa para casa.