Crónica de una derrota anunciada
Estoy en el tren. Apenas 50 minutos me separan de mi destino, A Coruña.
Por la ventana veo que empieza a llover, pero mi cabeza está en otro lado. Recuerdo la conversación que había mantenido poco antes de salir de casa. Nada más encender el Messenger un a ventanita amarilla que parpadea me indicaba que Josinho quería hablar conmigo. Abro la conversación y veo que también está Fátima, me fijo en su nick: “Vamos mi Sevilla, vamos Campeón”. Miro un poco más arriba y observo el mío: “Y digo Deportivo, vamos a ganar este partido!!!”. Parecía que la conversación se iba poner interesante. El primero en hablar fue Josinho:
“Os he agregado a las dos porque me gustaban vuestros nicks. Lo que más me gusta es que animáis a vuestros equipos sin meteros con el rival”.
Esa frase de Jose se me había quedado grabada.
Vuelvo a mirar por la ventana. Todo está oscuro y apenas puedo distinguir los árboles borrosos al pasar. La tormenta se está acercando. Empiezo a ver a lo lejos unos rayos, pero el mal tiempo no impide que esté contenta. Una sonrisa se me dibuja en la cara. Puedo ver a Magdalena en el ascensor del nº13 de la calle Torreiro. Ella también sonríe, lleva un sobre en la mano. Sale a la calle, coge el móvil y me manda un sms:
“Tngo ls entrads. M dijeron q animaramos q hacía muxa falta. Stoy paseando x la calle de tapas y son tos acentos sevillanos. A darlo todo oy!”
Un fuerte trueno me hace regresar al interior del tren. La tormenta está encima de nosotros. No tenía buena pinta. Ahora me doy cuenta que el cielo ya anunciaba lo que pasaría.
***
En Coruña llovía con rabia. Magdalena me había recogido en la estación. Ahora estábamos delante de la puerta nº 4 de Riazor. Entramos sin problemas, no nos revisan el bolso ni nos quitan las tapas de las botellas. Como nuestros asientos en la primera fila estaban muy mojados, decidimos buscar unos mejores. Parecía que todo iba perfecto, había dejado de llover y nadie nos había reclamado los asientos que elegimos.
Aún estoy intentando concentrarme en el partido cuando nos cae el primero. Al momento, el pequeñajo del Sevilla nos mete el segundo. En una esquina unos 1000 rojiblancos no paran de cantar. Pero Riazor no se rinde y pronto sus cánticos quedan tapados por nuestros gritos de ánimo. Ya en la 2ª parte Andrade vuelve a ser el protagonista coruñés en una semifinal. Esta vez por cometer un absurdo penalti.
El partido acaba. Perdimos 0-3. Los andaluces se abrazan e intercambian impresiones. Mientras oigo como a mi lado unos cuantos se dedican a gritarle a Caparrós, a mi me viene aquella frase de Josinho a la cabeza.Me pongo en pie y empiezo a aplaudir a los últimos sevillistas que quedan sobre el césped. Pero no soy la única, a mi alrededor miles de blanquiazules le dan la enhorabuena al equipo rival. En frente, los Biris Norte agradecen el gesto y empiezan a cantar: Que bote, que bote, que bote Riazor!!!